Parasyte o Kiseijuu Sei no Kakuritsu en Japón, o Kiseijuu para los amigos, se publicó entre el ’90 y el ’95 en la revista Afternoon. Los estudios Madhouse se han andado muy listos y han recuperado este manga de 24 años, nada más y nada menos, y lo han convertido en uno de los animes con más proyección del otoño. Un clásico de la historia del manga que ha conseguido enganchar a varias generaciones con sus 10 únicos tomos, que se adaptarán en dos temporadas. Parasyte es una historia que ha sabido envejecer y mantener la simbiosis entre el horror y el humor, como los protagonistas mantienen la suya, y aquí estamos para darle la acogida que se merece.
Shinichi Izumi es un estudiante de 17 años, tímido, que no come bien y al que le aterrorizan los insectos. Se podría decir que es un humano más bien mediocre, con poca vida social, que no le interesa a nadie. Una noche entra en su habitación un alien con forma de gusano o parásito que intenta meterse por su oído, pero como Shinichi tiene la buena costumbre de dormir con los auriculares puestos, no lo consigue. ¿Lo ves mamá? Además de no quedarme sorda, me libraré de un ataque nocturno y alevoso de un alien.
Estos aliens han venido a invadir cuerpos humanos para anular su voluntad y desarrollar un hambre voraz hacia sus congéneres, y así aniquilar la raza humana. Al no poder entrar en el cerebro de su huésped por el oído, el parásito lo intenta por el brazo, pero Shinichi se lo impide y al parásito no le queda más remedio que alojarse en su mano para sobrevivir. La mano queda a las órdenes del inquilino que puede variar su forma y tamaño a voluntad.
Migi, que así se llama el bicho, aprende a hablar e intenta descubrir su procedencia leyendo todos los libros de Shinichi a una velocidad que ni el mismo Cortocircuito. Además puede detectar otros humanos con tienen inavasores dentro, así que propone una simbiosis para poder descubrir de dónde viene y si puede separarse de su huésped. A partir de este momento Shinichi se ve obligado a ayudar, a cambio de escapar de los otros parásitos, y a saciar la curiosidad de Migi por las costumbres de la raza que quieren arrasar, a cambio de pequeñas mejoras en su día a día.
Estos aliens han venido a invadir cuerpos humanos para anular su voluntad y desarrollar un hambre voraz hacia sus congéneres, y así aniquilar la raza humana. Al no poder entrar en el cerebro de su huésped por el oído, el parásito lo intenta por el brazo, pero Shinichi se lo impide y al parásito no le queda más remedio que alojarse en su mano para sobrevivir. La mano queda a las órdenes del inquilino que puede variar su forma y tamaño a voluntad.
Migi, que así se llama el bicho, aprende a hablar e intenta descubrir su procedencia leyendo todos los libros de Shinichi a una velocidad que ni el mismo Cortocircuito. Además puede detectar otros humanos con tienen inavasores dentro, así que propone una simbiosis para poder descubrir de dónde viene y si puede separarse de su huésped. A partir de este momento Shinichi se ve obligado a ayudar, a cambio de escapar de los otros parásitos, y a saciar la curiosidad de Migi por las costumbres de la raza que quieren arrasar, a cambio de pequeñas mejoras en su día a día.

El planteamiento de los personajes también funciona, ambos personajes principales, y alguno más secundario, quedan presentados en apenas dos o tres capítulos y listos para su desarrollo en la historia. Estoy segura que los lectores del manga no se sentirán defraudados con esta adaptación, pues mantiene su esencia, a pesar de haber visto redistribuidas algunas escenas para conseguir un efecto más cinematográfico. Ya se sabe que el orden de los factores no altera el producto, y en este caso, además, lo mejora y le impone un buen ritmo.
Mi primera impresión es muy buena, con todos los ingredientes para triunfar y con un mensaje de fondo fuerte que nos hace darnos cuentas de las atrocidades del ser humano, una raza que, bien vista desde fuera, merecería ser devorada.
Sólo me queda comentar que para diciembre se espera una película de acción real, dirigida por Takashi Nagazaki (Space Battleship) con secuela a finales de 2015.
¿Quién dijo que el terror y el humor no podían ir de la mano?